“Demian”, de Hermann Hesse

Mírate la frente, quizás tengas el estigma de Caín.

Demian. Historia de la juventud de Emil Sinclair (Alianza, 1982), de Hermann Hesse y traducido por Genoveva Dieterich, es un libro que desarrolla la pubertad y la adolescencia de un joven llamado Emil Sinclair. Este chico de buena familia se ve un día integrado en el mundo oscuro, en el que existen los chantajes y el miedo. Un compañero de su colegio, Kromer, lo chantajea para que le dé dinero a cambio de no contar que Sinclair robó unas manzanas (robo que no cometió, pero que sí contó a sus “amigos”, porque era necesario hacerse el héroe, o el “malo”, para poder ser integrado al, como hoy lo llamaríamos, grupo de los “guáis”).

Sinclair se encuentra en una encrucijada que lo lleva a caer encamado en casa por el miedo acérrimo a que su familia perfecta de padres perfectos y hermanas modelo acabe cayendo por su culpa, por la culpa de un ladrón que no lo es, pero que se lo ha inventado para caer bien. Así que, de repente, aparece en su vida Max Demian, un chico un poco mayor que él que parece leerle el pensamiento y que consigue que Kromer no solo lo deje tranquilo, sino que se eche a temblar cada vez que se encuentren Sinclair y él. Sinclair no encuentra cómo agradecerle a Demian su favor, y sigue narrando cómo se convirtió en un chico extraño, rodeado de rumores, y que tuvo la suerte de que se fijara en él y fuera, en cierto modo, su “amigo”.

Se llega a describir la admiración de Sinclair por Demian como si el primero fuera homosexual, aunque dudo que el autor quisiera que la novela siguiera ese rumbo porque no hay ninguna referencia explícita de ello. Sí están impregnados los personajes y la novela en su conjunto de la religión y el misticismo. De hecho, Demian es un nombre que se parece a la palabra “demonio” y, sin embargo, es un ángel. Demian es un místico total que mantiene conversaciones con Sinclair sobre espiritualidad y metafísica, le ayuda a reinterpretar leyendas bíblicas, pero, sobre todo, las mantiene sobre religión. La historia de Abel y Caín tiene una importancia suprema en este novela, porque Demian parece despojar a Caín de la culpa y del rechazo social que ha sufrido el personaje durante toda la historia, justificando que Caín tenía un estigma que lo hacía ser diferente y, por tanto, odiado.

De este modo, Demian, su joven y viuda madre frau Eva (de la que Sinclair se enamorará) y el propio Sinclair tienen este mismo estigma que los hace ser diferentes, que parece hacerles que se alejen de las masas y del rebaño para ser diferentes (algo parecido ocurría en El lobo estepario, que era un caso aislado en la sociedad).

Siendo un adolescente avezado y a punto de ir a la universidad, Sinclair conocerá a una chica de la que no sabemos su nombre, pero que él llamará Beatrice (justificando no conocer la existencia de la Beatrice dantesca por entonces) y se acercará otra vez al mundo oscuro, al de las tabernas estudiantiles. Pero, de nuevo, otro ángel lo salvará del desastre, en este caso un organista que le influye mucho (aunque no tanto como Demian), que le tocará en el órgano de la iglesia sus canciones favoritas de Bach y que escuchará cómo Sinclair le dice que le gustan las cosas poco morales como la música, porque la moral duele mucho.

Al final de la novela, Demian, frau Eva y Sinclair tendrán sueños premonitorios (éste último siempre reflejados en la imagen de un pájaro, que marcará el ritmo de la novela y de su relación con Demian). Se avecinan cambios, asegura Demian, y no erra, porque al poco tiempo comienza la Primera Guerra Mundial, a la que Demian va como oficial y Sinclair como soldado. De aquel enfrentamiento bélico resultará el despertar de Europa, muchos cambios, la muerte del mundo viejo y corrupto, y para ello tienen que estar preparados Demian y Sinclair. Ya en la guerra, hay varios saltos en el tiempo donde Sinclair se ve en diferentes sitios, el último de ellos en una camilla, al lado de la cual está Demian, aparentemente despidiéndose de él y deseándole suerte. Cuando Sinclair vuelve a despertar, al lado de su camilla hay un hombre que no es Demian.

Yo esto último lo he interpretado de un modo que me resisto a explicar para no hacer spoilers. Sea como fuere, la novela en sí es una oda a Demian, al amigo, al guía. La novela fue escrita en 1919 más o menos, y el autor pretendía narrar en ella la Gran Guerra, sin saber que luego vendría otra. Este libro me recuerda, en cierto modo, al último reseñado en el blog (Miedo de Stefan Zweig), porque su protagonista y Sinclair tienen una vida perfecta que pierden a propósito de buscarse una aventura amorosa y de entrar en un grupo de amigos respectivamente. Y ambos sienten, llegado el momento, que su vida acomodada ya no les pertenece.

Me ha encantado este libro y, como siempre, los personajes de Hesse. Quiero ser Demian, quiero ser Sinclair, quiero ser el protagonista de El lobo estepario. Quiero ser todos ellos para compartir su sabiduría y alejarme del rebaño. Un grandísimo autor que me está deleitando con sus novelas cargadas de modestia y de honestidad. Muy recomendable.

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“Miedo”, de Stefan Zweig

Un libro angustioso y tenso.

Miedo (Acantilado, 2018), de Stefan Zweig y traducido por Roberto Bravo de la Varga, es un libro en el que el título ya nos pone en contexto. En efecto, este libro breve pero intenso cuenta la historia de doña Irene, la protagonista, una señora de vida acomodada que ronda los treinta años y que vive con su marido y sus dos hijos en una gran casa y que acude habitualmente a encuentros sociales como señora de la alta sociedad que es.

Paralelamente a esto, doña Irene mantiene una secreta relación amorosa con un joven pianista, y todo parece irle sobre ruedas hasta que, un día, una señora a la que Irene describe casi como una mendiga, la pilla saliendo de la casa de su amante y la amenaza con desvelar su secreto y echar por tierra su posición de señora rica.

Doña Irene, a partir de aquí, comenzará a tener un miedo tremendo que le impedirá dormir y que creará sospechas en su marido, que le impedirá salir a reuniones sociales como antes. Así, cada poco tiempo Irene cederá a los chantajes de esta señora, que descubre la identidad de Irene y su domicilio, y la visita con asiduidad para que ésta le dé dinero. Un día determinado llega a entrar en la casa de Irene y le pide el anillo de casada. Irene cede atemorizada con la esperanza de que esa entrega del anillo le permita tener unos días de tranquilidad para pensar en confesárselo en su marido, algo que nunca hace, aunque lo piensa varias veces.

Al final, Irene decide tomar una decisión dura que me dejó perplejo: suicidarse. La noche antes de tomarse más cantidad de morfina de la recetada habitualmente por su médico y descansar así eternamente, Irene estuvo atenta a cada ruido, a las respiraciones de sus hijos, que dormían en la habitación contigua. Me gustó cómo Zweig reflejó el estado de doña Irene a través de una mayor percepción esa noche.

Al día siguiente, Irene acude al farmacéutico, y mientras ve las gotas de la morfina pasar de un frasco a otro, mientras ve, digamos, su vida pasar ante aquellas gotas, su marido aparece súbitamente y a partir de ahí la historia se desarrolla con una rapidez trepidante. Su marido la lleva a casa y allí se desencadena el resultado que no voy a contar para no hacer un spoiler grande, porque en la contraportada del libro se dice que el final sorprenderá no solo al lector, sino también a la propia Irene. Y yo creo que acierta, porque yo me lo imaginaba, pero, aun así, es bastante increíble que el final resulte ser el narrado.

Por último, me gustaría citar una frase del libro, que contiene muchas frases destacables, y que engloba la esencia de esta historia: “El miedo es peor que el castigo, porque éste es algo determinado y, por severo que sea, no se puede comparar con el temor que despierta en nosotros lo incierto, una tensión espantosa, que no conoce límite”.

Cristina Morales, ganadora del Premio Herralde de Novela 2018

La escritora granadina Cristina Morales fue galardonada ayer con el Premio Herralde de Novela 2018 con su libro Lectura fácil, una obra que asesta un golpe certero al machismo, al sistema opresivo y a la injusticia.

No he leído nada de esta escritora, pero es grato reconocer que tengo uno de sus libros en mi lista de futuras compras (Terroristas modernos). Por otra parte, la finalista ha sido la chilena Alejandra Costamagna con su novela El sistema del tacto.

Los libros ganadores de la actual edición me atraen menos que los de la pasada, así que probablemente no los compre ni lea, o al menos no les daré prioridad y los tendré en la lista hasta que me canse de verlos y acuda a comprarlos.

Los del año pasado (República luminosa y La extinción de las especies) los reseñé en este blog hace un tiempo ya. Aquella edición se saldó con ganador y finalista masculinos, y esta con ganadora y finalista femeninas, lo cual es destacable, además de la temática feminista de la novela ganadora, de que algo está cambiando en la sociedad.

¡Enhorabuena a las dos ganadoras!

“Los ojos del hermano eterno”, de Stefan Zweig

Una oda a la justicia.

Los ojos del hermano eterno (Acantilado, 2005), de Stefan Zweig y traducido por J. Fontcuberta y A. Orzeszek, es un libro que me resulta curioso. Su portada, para empezar, es espectacular. Ese dragón me recordó a China. Y es que, la novela en sí (que por su extensión, 60 páginas, es más un relato que una novela) parece un cuento chino, en el buen sentido de la expresión. Es una historia que se sitúa en una “época anterior a Buda”, según se nos dice en la contraportada. En un reino, un día se desata una rebelión contra el rey, que está en desventaja. Sin embargo, un guerrero fiel al rey llamado Virata (su nombre se parece casualmente a Viriato, el guerrero lusitano que se enfrentó a los romanos) aplasta a los sublevados y es honrado por el reino.

Sin embargo, en esa batalla pereció el hermano de Virata. Y, desde entonces, él verá en los ojos de los demás diversas emociones: ira, compasión, dolor extremo, que siempre le recordarán a los ojos de su hermano eterno (de ahí el título) y que le harán entrar en razón y reaccionar para evitar que las emociones duras sigan existiendo en esos ojos. El libro engloba una gran cantidad de moralejas, de metáforas y de enseñanzas que se repiten continuamente: “quien mata a un hombre, mata a un hermano” es, quizás, la primera en importancia que nos encontramos.

Cuando ocurre esto, Virata deja de ser guerrero y comienza a ser el juez del reino. Durante su etapa como juez nunca dictó la pena de muerte, de modo que el lugar donde antes se ajusticiaba a los delincuentes ahorcándolos queda abandonado a merced de la naturaleza y de la lluvia, porque valoraba mucho la vida de las personas y, aun así, no aumentaba la delincuencia. Así, todo el reino lo respeta cada vez más. Hay una escena que se repite varias veces y que me resulta interesante de mencionar: cuando Virata va a dictar sentencia, antes de hacerlo se lava las manos y la cara con agua fresca para no hacerlo obedeciendo “al fuego de la pasión”, y esto me ha recordado inevitablemente a lo que hoy se conoce como “legislar en caliente”.

Así, Virata va un paso más allá y decide experimentar durante una luna (así se contaba el tiempo entonces) lo que significa estar encarcelado y ser azotado, intercambiándose por un reo al que él mismo condenó, justificando que “todo el que dicta justicia se convierte en injusto”. Sí, está bien esa valoración, admirado Virata, pero, igualmente, aquellos que deciden sobre la vida de los demás hasta el punto de asesinarlos o violarlos y robarles la libertad, la dignidad o la existencia, merecen un castigo que se ajuste a lo que han hecho. No se es injusto dejando libres a los que cometen esas atrocidades, Virata, porque si con ello queremos ser justos el mundo se va al garete y nos invade el caos y la delincuencia. Virata también nos dice: “Solo puede ser justo aquel que no toma parte en el destino ni en la obra ajena”. Volvemos a lo mismo, Virata, si una persona mata a otra (toma parte de su destino), nosotros hemos de hacer lo mismo en su justa medida como castigo, no podemos ir de ‘buenistas’ por el mundo porque entonces viene la vida y arrasa con nosotros. Esa es mi opinión. Ya está. Fin.

En la historia también hay una defensa del carpe díem por parte de Virata, quien, tras pasar una luna como dije antes sufriendo las inclemencias como si fuera un delincuente, aprecia simples cosas como ver la claridad del día o moverse libremente. Aun así, Virata sigue comiéndose la cabeza a menudo (como yo, solo que yo lo hago todo el tiempo) y decide dar un paso más en su ideal de justicia y de superhombre super-justo, super-bueno y super-pacífico pre-budista, pues piensa que, si tiene esclavos, realmente está quitando la libertad a otros, y él aprecia la libertad. Así que decide liberar a los esclavos, mientras que a sus hijos les da órdenes (éstos parecen no ser tan libres para Virata), y sus hijos se lo recriminan.

Por eso, Virata decide dejarlo todo, no tener posesiones materiales e irse a vivir a una cabaña al bosque. Es considerado entonces como un anciano sabio y seguido por muchos, entre ellos un hombre determinado cuya mujer le reprocha un día a Virata su marcha. Le dice que, habiéndose ido Virata al campo, su marido lo emuló, dejando de entrar dinero en la casa por su marcha y muriendo de hambre sus tres hijos. Virata se disculpa y le dice que él, al fin y al cabo, todo lo que ha aprendido ha sido a través del sufrimiento y del dolor.

Así que, carcomido por la culpa por más que intente hacer, acaba siendo guardián de los perros del palacio. Con este oficio tan menospreciado, el pueblo que tanto lo había venerado comienza a olvidarse de aquel valiente guerrero y de aquel sabio fiel al rey. Hasta el momento de su muerte tan solo será querido por los perros, y tras su fallecimiento, éstos también se olvidarán de él.

En definitiva, son muchas las enseñanzas que reúne este libro a través de la historia de Virata. Muchas de ellas son discutibles tal y como he expuesto aquí. Desde luego, me ha sorprendido que Zweig escribiera una historia así (es lo primero que leo de Zweig, pero yo creía que escribía otro tipo de historias). De todos modos, creo que es un libro muy necesario. Para seguir sus moralejas al pie de la letra o para criticarlo, creo que todos deberían leerlo, más aún si tenemos en cuenta su brevedad, porque podemos aprender mucho de él.

“Lazarillo de Tormes”

Qué poco valoramos nuestras obras clásicas.

Lazarillo de Tormes (Taurus, 1985), sin autor conocido, pero con una edición de Carmen Castro, es un libro, en mi opinión, infravalorado. No porque se desconozca su existencia, sino porque no se lee. Muchos saben que este libro existe, sí, ¿pero cuántos lo han leído? Pues eso.

Igualmente, mucha gente sabe su argumento más o menos, de un mozuelo pícaro que pasa de amo en amo, y ya está. Pero leyéndolo me he dado cuenta de que alberga mucho poder en su interior que no se cuenta. Y es que, al fin y al cabo, es un libro, y también necesita ser leído, no solo pasar de boca en boca y ser ignorado. En él encontramos una introducción que nos desmiente que esta novela sea realmente picaresca y, su protagonista, un pícaro. Su autoría se discutía cuando se editó el libro entre Fray Juan de Ortega (se atribuía sobre todo éste) y Diego Hurtado de Mendoza. Sin embargo, hace unos cuantos años, cuando estaba en el instituto, me dijeron que se sabía casi con certeza (quizá no era verdad) que su autor había sido el segundo. Cabe destacar que esta edición, sacada de la biblioteca de mis padres por supuesto, no es la única que tengo, pues resulta que tengo otra edición exactamente igual. No sé de dónde salió la otra, pero es una hermana gemela de esta.

En definitiva, en la novela, el Lazarillo se va primero con un amo ciego, quien lo recoge en Salamanca y se marcha con él. El Lazarillo, huérfano de padre, se ve obligado a desarrollar una astucia extraordinaria para conseguir alimentarse pese a la miserable cantidad de comida que le ofrece el ciego (y para beberse su vino, por supuesto). Planea varias maneras y consigue mantenerlas hasta que el ciego lo descubre y vuelve a pensar en una nueva. Sin embargo, un día se cansó de estar con el ciego y provocó que éste se diera un golpe, dejándolo medio muerto y echando a correr lejos de allí. Su segundo amo fue un clérigo, aún más tacaño que el ciego, que solo le daba los huesos bien roídos y le decía que ahí tenía comida hasta hartarse. Muy cachondo el clérigo, sí señor. El Lazarillo describe al clérigo como egoísta y mezquino, y hace una crítica anticlerical por la hipocresía de éste al decir que los sacerdotes deben comer poco mientras él se hincha de comer y no le deja nada al pobre Lazarillo. Éste, por su parte, empieza a buscarse la vida robándole bollos de pan al clérigo y diciendo que son los ratones que entran por los agujeros. Cuando el clérigo tapa los boquetes, el Lazarillo hace boquetes nuevos, hasta que un día lo pilla y se marcha al encuentro de su tercer amo, un escudero.

A estas alturas, el Lazarillo llegó a desear la muerte por el hambre que pasaba y se maldijo de la mala suerte de que sus amos tomaran “la medicina del hambre”. El libro está lleno de humor e ironía. Me sorprenden algunos pasajes por su sarcasmo y su aventurada crítica que hace reír. De hecho, en la introducción del libros se dice: “En verdad, poca ciencia se requiere para leer el Lazarillo; más falta hace sentir aprecio por las cosas bien hechas, y tener vivo el sentido del humor”. Al final, el escudero lo abandona y el Lazarillo se ve abocado a servir a un fraile, con el que apenas dura, así que prosigue su camino hasta que da con un buldero.

El Lazarillo, que no para de referirse a nosotros como Vuesa o Vuestra Merced (V. M.) se va con un capellán y, al final del libro, con un alguacil, con quien estuvo varios años y al que dejó cuando consiguió reunir unos cuantos maravedíes. Así, nos cuenta el Lazarillo que está casado con una mujer que sirve a su amo y que, pese a las habladurías, es fiel y buena. Mientras escribe esto, el Lazarillo nos cuenta que es pregonero, y que un día vio cómo ajusticiaban en la horca al ciego que una vez fue su amo y sin el cual él no estaría allí.

Por tanto, nos encontramos que, al final del libro, el círculo se cierra y el Lazarillo se reconcilia de algún modo con el pasado y consigo mismo. Tras una vida de penurias, hambre y miseria, el Lazarillo parece haber sosegado su existir junto a una buena mujer. No puedo evitar que este libro en su conjunto (y las últimas frases del mismo) me conmuevan un poco, me hagan imaginarme a alguien del siglo XVI escribiendo tal obra de arte. No puedo más que sentirme orgulloso de que la historia de la literatura española tenga esta obra en su haber y poder haber disfrutado de ella cinco siglos después.

The Blogger Recognition Award

Hace justamente una semana, The Ginger Elvis, del blog Daybreak Over the Ocean, me nominó para el The Blogger Recognition Award. Me llenó de gozo verlo y me siento inmensamente agradecido por dicha nominación (os invito a que visitéis su blog, el cual sigo desde hace tiempo y que tiene posts de lo más variado y de calidad). Este ‘reto’ consiste en seguir una serie de pasos para dar a conocer los blogs que sigo y que me gustan, así que allá voy:

  1. Escribir un post para dar a conocer la nominación.
  2.  Manifestar nuestro agradecimiento al blog que nos nomina y enlazar nuestro post a su web.
  3. Escribir sobre cómo comenzó nuestro blog.
  4. Dar consejos a los nuevos bloggers.
  5. Nominar a 15 blogs de los que seamos seguidores y a los que queremos otorgar este reconocimiento. No se puede incluir al blog que nos haya nominado.
  6. Comentar en cada blog nominado que los has nombrado y proporcionar el enlace al post que has creado.

Tercer paso: Durante mi etapa en el instituto tuve varios blogs dedicados a ciertas asignaturas (por obligación de los profesores), y por fin, en la universidad, decidí crear uno por mi parte para escribir reseñas con mis humildes conocimientos sobre literatura, porque amor por ella no me falta y, es más, me sale ‘por los cuatro costáos’. Mi amor por la literatura, junto a mi amor por contar historias, ya sean reales o ficticias, me impulsó a embarcarme en esta aventura individual.

Así, el 16 de mayo de 2017 publiqué mi primera entrada en este blog con un poco de desesperanza e incertidumbre. Poco a poco, y gracias a mi ritmo de lecturas, conseguí publicar una reseña por semana. Desde el pasado verano publico dos reseñas semanales, y así será hasta, al menos, el verano que viene, gracias a que he aumentado considerablemente el volumen de mi biblioteca y mi ritmo de lecturas. Como veréis, no he mantenido un ritmo fijo de publicaciones desde la creación del blog, cambiando de una semanal a dos semanales. Sea como fuere, siempre habrá, al menos, una reseña a la semana en este blog donde todos los libros tienen cabida, desde las últimas novedades hasta los clásicos griegos y latinos.

Cuarto paso: Debido a mi inexperiencia en el mundo de los blogs y de mi desconocimiento en profundidad acerca de cualquier tema (la juventud es lo que tiene), no me veo del todo capacitado para dar consejos. Lo que sí tengo claro (y creo que deben tener claro todos aquellos que se quieran aventurar a hacer un blog sobre algo que les apasione) es que debe gustarte lo que haces, obviando las críticas destructivas, aprendiendo de las críticas constructivas y no regodearte demasiado en los elogios (aunque ahora mismo, a causa de esta nominación, estoy en una nube).

Quinto paso: Paso a enumerar a continuación 15 blogs que sigo y que me gustan bastante (y que tienen la culpa de que mi lista de libros por comprar sea cada vez más gruesa y rica). Todos ellos son sobre literatura, lo siento, es lo que me apasiona más que nada.

“La noche del pez”, de Enrique Rentería

Un libro tan maravilloso como desconocido.

La noche del pez (Tusquets México, 2013), de Enrique Rentería, es un libro que me costó muchísimo encontrar. No recuerdo cómo supe de su existencia, pero cuando me dispuse a comprarlo vi que era imposible. De hecho, tuve que comprarlo a una web que, si no recuerdo mal, era de una librería estadounidense, fijaos lo que son las cosas… Y no me ha defraudado.

El protagonista de esta novela tan espléndida se llama Ismael. Sí, como el protagonista de la famosa novela Moby Dick de Herman Melville. Y, de hecho, esta novela se nombra varias veces a lo largo de la historia, debido a que existen numerosas similitudes entre ambas historias. Esta concretamente está muy impregnada de fantasía y magia. Como iba diciendo, Ismael es un náufrago que llega agarrado a un ataúd (!) a la orilla de un pueblo mexicano del que es rescatado por Claudia y su padre Jaime, que lo alojan en su casa. Cuando le preguntan el nombre de su barco naufragado, Ismael responde que se llamaba Nausicaa. Sí, como la chica que salvó a Ulises en la mitología griega (Claudia lo había salvado a él, algo parecido).

Son numerosas, por tanto, las referencias mitológicas en esta novela. También las referencias a las costumbres esotéricas. Pues uno de los personajes es la anciana China, abuela de Claudia, que tiene dos hijos: Chino Wong y Berenice. Esta China resultará ser una gran conocedora de la magia y la clarividencia. También está el Fantasmagua, un monstruo marino que parece ser una mezcla entre hombre y manta raya que causó el naufragio del barco donde iba Ismael. Y mientras provocaba el naufragio, Ismael consiguió cortarle al monstruo una aleta, que mete en el ataúd con el que llega a la orilla. Así que, mientras Ismael está en la isla, el monstruo reclamará a través de huracanes y tormentas lo que es suyo.

Jaime, al principio, se nos muestra como un padre algo bebedor, pero nada más allá de lo normal. Sin embargo, con el paso de las páginas nos damos cuenta de que Jaime es un padre autoritario y violento que ha pegado varias veces a su hija Claudia. Su mujer (la madre de Claudia) desapareció hacía tiempo, y eran muchos los rumores que corrían por el pueblo sobre su paradero (como que Jaime la había matado, por ejemplo, o que se había marchado en uno de los barcos que salían del pueblo tan a menudo para no volver jamás y que ahora vivía en Texas).

Así, Ismael matará a un enemigo de Jaime, y ambos serán cómplices del crimen. Sin embargo, ante la buena relación que mantienen Ismael y Claudia, Jaime, lleno de ira y celos, le dirá al teniente del pueblo que Ismael asesinó a ese hombre y los animará a matarlo. Los tenientes arrinconarán a Ismael una noche de tormenta a fines de la novela, y apuntarán hacia su desvalido cuerpo, pero entonces el Chino Wong aparecerá para defenderlo sin éxito, e Ismael se llevará un disparo que resulta chocar contra una caracola. Las pistolas de los tenientes, entonces, se convierten en caballitos de mar disecados. Ante esta magia tan sobrecogedora que protege a Ismael y que parece convocada por Claudia y Fantasmagua, los tenientes correrán despavoridos.

Hechos como éste se dan varias veces en la novela, hechos mágicos que salvan a Ismael en momentos críticos. Hay novelas en las que algún personaje secundario suele llamarme la atención, y ésta es una de esas novelas. Hay un personaje llamado El Buzo, un viejo loco, del que se dice en un momento de la novela en el que arrecia una gran tormenta: “El Buzo cazará barracudas en las alcantarillas”. Puede parecer una frase tan simple como común. Sin embargo, es un personaje que apenas aparece un par de veces y que tiene mucho valor, al menos para mí, porque reúne la locura y la cordura, ambos en el mismo cuerpo, de los pueblos extraviados y llenos de supersticiones.

Al final (¡ALERTA SPOILER!), Ismael entregará a Claudia a Fantasmagua en un acto que no sé cómo valorar (porque yo creo que Ismael es bueno, pero entregar una niña a un monstruo marino no lo considero un acto de caridad precisamente, entonces no sé cómo valorarlo) y Jaime irá en su búsqueda y se perderá en la noche lluviosa del mar.

Es un libro que ha valido la pena encontrar. Una delicia tremenda a la que rodea un aura especial y preciosa de misterio e intriga, una historia cruda con sabor a sal y que deja con ganas de mucho más.

“El honor perdido de Katharina Blum”, de Heinrich Böll

Un libro muy periodístico.

El honor perdido de Katharina Blum o cómo surge la violencia y adónde puede conducir (Austral, 2015), de Heinrich Böll y traducido por Helene Katendahl y Bárbara Serrano, es un libro que tiene más pinta de ser una mezcla, tal y como dice la contraportada, “entre informe policial y artículo periodístico”.

La novela narra, con saltos en el tiempo y muchos personajes de por medio, una historia pintoresca y violenta, la de Katharina Blum. Blum es una joven sirvienta de dos domicilios que, el 20 de febrero de 1974, acude a una fiesta, en la que conoce a un hombre, con quien se va a casa y se acuesta. Al poco tiempo, Blum se entera de que ese hombre es un delincuente muy buscado en el país, y un periódico (no es cualquier periódico, sino El Periódico, pues en la novela se resalta en versalitas para que conste que es uno en concreto) comienza a publicar informaciones sensacionalistas que buscan implicar a Blum como cómplice del delincuente.

Y, al final, El Periódico consigue destrozar su vida y la de aquellas personas de su alrededor (los dueños del domicilio del que era sirvienta se enfrentan a numerosos contratiempos y dificultades que le hacen llegar a las manos con los que, en otros tiempos, fueron sus amigos). La gente empieza a calificar a Blum según los rumores e incluso hay algunos que aún la apoyan.

Aun así, las informaciones de El Periódico hacen mella y Katharina Blum sigue siendo sospechosa de participar junto al delincuente en alguno de sus delitos o, por lo menos, de ayudarle a escapar de su casa tras la noche pasional que pasaron juntos. Los periodistas de El Periódico se basan en una red de complicados tejemanejes para conseguir unir cabos alrededor de la vida de Katharina Blum de modo que su honor y su reputación (que estaba alta, pues sus jefes hasta entonces la habían tenido en alta estima) queden por los suelos.

Será la propia Blum la que se tome la justicia por su mano y asesine al periodista encargado de publicar estas informaciones difamatorias contra su persona, por lo que será encarcelada. La novela nos viene a decir que, con la vida tan ordenada y correcta que llevaba la joven Blum, por una serie de informaciones sensacionalistas, comienza a ser tachada de mujer “con pintas de prostituta” o de recibir constantes “visitas de caballeros”, además de otros improperios y falsedades.

La vida de Blum cae en un pozo sin fondo del que es mejor alejarnos para no caer nosotros detrás de ella. Esta es una realidad, la del poder que ejercen los medios de comunicación en la vida pública y en la capacidad de repercusión mediática que puede tener una información, sea verídica y fidedigna o no. De hecho, este libro me lo recomendó un profesor de la universidad hace dos años y ahora que lo he leído he entendido a qué se refería. Aunque, siendo justo y sincero, me esperaba más. Me ha dado la sensación de que he leído un informe policial más que una novela. Hay mucha acción, y muchos detalles explicados (eso a mí me gusta y no lo encuentro siempre en las novelas), pero no he podido establecer la típica conexión especial que se suele generar entre autor y lector cuando se lee una novela.

Aun así, muy recomendada para los periodistas y periodistas en potencia, además de para todo el mundo que se atreva a meter las narices en una historia tan extravagante (pero no por ello menos posible de ser real) como esta.

Almudena Grandes, ganadora del Premio Nacional de Narrativa 2018

La escritora super-ventas (no me he podido resistir a poner ese adjetivo) Almudena Grandes fue galardonada ayer con el Premio Nacional de Narrativa 2018 gracias a su obra Los pacientes del Doctor García (Tusquets, 2017).

Este es un libro que no he leído, porque suelo optar por libros más discretos, aquellos que no consiguen tanta publicidad en los medios, y éste fue muy sonado (y muy comprado). De Grandes sí he leído un libro, Los besos en el pan, cuya reseña se publicó hace un tiempo en el blog y puede leerse pinchando aquí.

Por su parte, la poeta (que no poetisa) Antònia Vicens fue galardonada hace unos días con el Premio Nacional de Poesía 2018 con una obra en catalán.

Como puede verse, estos dos grandes premios literarios españoles se los han llevado dos mujeres, en un momento en el que el feminismo y la reivindicación del papel de la mujer está en alza. Algunos medios como El Español auguraron que el Premio Planeta lo ganaría una mujer (una mujer, además, “guapísima y política”), como se puede leer pinchando aquí. Se equivocaron rotundamente, pues al ganador, poseedor de un nombre tan rotundamente masculino como Santiago, no me ha parecido escucharle pronunciándose sobre política más allá del Senatus Romanus (y lo de la belleza lo dejo en mano de cada cual).

Por tanto, enhorabuena a las ganadoras de estos premios, y les deseo los mejores éxitos a ambas, aunque Almudena Grandes (de Antònia Vicens nunca había escuchado hablar, lo siento) ya tiene una fama y un éxito Grandes (cómo me gusta jugar con las palabras, soy un lince).

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