Autor extranjero·Narrativa

“Demian”, de Hermann Hesse

Mírate la frente, quizás tengas el estigma de Caín.

Demian. Historia de la juventud de Emil Sinclair (Alianza, 1982), de Hermann Hesse y traducido por Genoveva Dieterich, es un libro que desarrolla la pubertad y la adolescencia de un joven llamado Emil Sinclair. Este chico de buena familia se ve un día integrado en el mundo oscuro, en el que existen los chantajes y el miedo. Un compañero de su colegio, Kromer, lo chantajea para que le dé dinero a cambio de no contar que Sinclair robó unas manzanas (robo que no cometió, pero que sí contó a sus “amigos”, porque era necesario hacerse el héroe, o el “malo”, para poder ser integrado al, como hoy lo llamaríamos, grupo de los “guáis”).

Sinclair se encuentra en una encrucijada que lo lleva a caer encamado en casa por el miedo acérrimo a que su familia perfecta de padres perfectos y hermanas modelo acabe cayendo por su culpa, por la culpa de un ladrón que no lo es, pero que se lo ha inventado para caer bien. Así que, de repente, aparece en su vida Max Demian, un chico un poco mayor que él que parece leerle el pensamiento y que consigue que Kromer no solo lo deje tranquilo, sino que se eche a temblar cada vez que se encuentren Sinclair y él. Sinclair no encuentra cómo agradecerle a Demian su favor, y sigue narrando cómo se convirtió en un chico extraño, rodeado de rumores, y que tuvo la suerte de que se fijara en él y fuera, en cierto modo, su “amigo”.

Se llega a describir la admiración de Sinclair por Demian como si el primero fuera homosexual, aunque dudo que el autor quisiera que la novela siguiera ese rumbo porque no hay ninguna referencia explícita de ello. Sí están impregnados los personajes y la novela en su conjunto de la religión y el misticismo. De hecho, Demian es un nombre que se parece a la palabra “demonio” y, sin embargo, es un ángel. Demian es un místico total que mantiene conversaciones con Sinclair sobre espiritualidad y metafísica, le ayuda a reinterpretar leyendas bíblicas, pero, sobre todo, las mantiene sobre religión. La historia de Abel y Caín tiene una importancia suprema en este novela, porque Demian parece despojar a Caín de la culpa y del rechazo social que ha sufrido el personaje durante toda la historia, justificando que Caín tenía un estigma que lo hacía ser diferente y, por tanto, odiado.

De este modo, Demian, su joven y viuda madre frau Eva (de la que Sinclair se enamorará) y el propio Sinclair tienen este mismo estigma que los hace ser diferentes, que parece hacerles que se alejen de las masas y del rebaño para ser diferentes (algo parecido ocurría en El lobo estepario, que era un caso aislado en la sociedad).

Siendo un adolescente avezado y a punto de ir a la universidad, Sinclair conocerá a una chica de la que no sabemos su nombre, pero que él llamará Beatrice (justificando no conocer la existencia de la Beatrice dantesca por entonces) y se acercará otra vez al mundo oscuro, al de las tabernas estudiantiles. Pero, de nuevo, otro ángel lo salvará del desastre, en este caso un organista que le influye mucho (aunque no tanto como Demian), que le tocará en el órgano de la iglesia sus canciones favoritas de Bach y que escuchará cómo Sinclair le dice que le gustan las cosas poco morales como la música, porque la moral duele mucho.

Al final de la novela, Demian, frau Eva y Sinclair tendrán sueños premonitorios (éste último siempre reflejados en la imagen de un pájaro, que marcará el ritmo de la novela y de su relación con Demian). Se avecinan cambios, asegura Demian, y no erra, porque al poco tiempo comienza la Primera Guerra Mundial, a la que Demian va como oficial y Sinclair como soldado. De aquel enfrentamiento bélico resultará el despertar de Europa, muchos cambios, la muerte del mundo viejo y corrupto, y para ello tienen que estar preparados Demian y Sinclair. Ya en la guerra, hay varios saltos en el tiempo donde Sinclair se ve en diferentes sitios, el último de ellos en una camilla, al lado de la cual está Demian, aparentemente despidiéndose de él y deseándole suerte. Cuando Sinclair vuelve a despertar, al lado de su camilla hay un hombre que no es Demian.

Yo esto último lo he interpretado de un modo que me resisto a explicar para no hacer spoilers. Sea como fuere, la novela en sí es una oda a Demian, al amigo, al guía. La novela fue escrita en 1919 más o menos, y el autor pretendía narrar en ella la Gran Guerra, sin saber que luego vendría otra. Este libro me recuerda, en cierto modo, al último reseñado en el blog (Miedo de Stefan Zweig), porque su protagonista y Sinclair tienen una vida perfecta que pierden a propósito de buscarse una aventura amorosa y de entrar en un grupo de amigos respectivamente. Y ambos sienten, llegado el momento, que su vida acomodada ya no les pertenece.

Me ha encantado este libro y, como siempre, los personajes de Hesse. Quiero ser Demian, quiero ser Sinclair, quiero ser el protagonista de El lobo estepario. Quiero ser todos ellos para compartir su sabiduría y alejarme del rebaño. Un grandísimo autor que me está deleitando con sus novelas cargadas de modestia y de honestidad. Muy recomendable.

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2 comentarios sobre ““Demian”, de Hermann Hesse

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