Autor extranjero·Narrativa

“La uruguaya”, de Pedro Mairal

Un libro a caballo entre Argentina y Uruguay.

La uruguaya (Libros del Asteroide, 2017), de Pedro Mairal, es un libro que no me agradó a primera vista. Su sinopsis no me atrajo, pero un día, yendo en el metro, vi que enfrente de mí iba un hombre leyéndolo y me sorprendió. No es normal ver a gente leyendo, menos aún en el metro, y si leen ese libro es porque tiene que ser bueno. Además, unas semanas más tarde me lo recomendó un librero que conozco. Y me decidí totalmente, porque lo tengo en gran estima y porque no podía esperar más. Ese libro me estaba esperando.

Es esta una historia pintoresca, la de un escritor y profesor joven llamado Lucas Pereyra que viaja desde Buenos Aires a Montevideo a sacar el dinero que le han pagado por sus novelas. Al principio me costó situarme, pero con el paso de los capítulos me di cuenta de que el libro es una especie de carta que Lucas dirige a su exmujer. Y va contando cómo discurrió aquel día, aquel viaje, mientras hace viajes en el tiempo al pasado y al futuro. Cuenta, por ejemplo, que su exmujer le espiaba los correos y que empezó a sospechar de la infidelidad de él con alguna mujer en Uruguay. Y, quizá por eso, luego él empezó a sospechar de que su exmujer le era infiel, en una especie de venganza.

Y no iba Catalina, su exmujer, desencaminada, pues Lucas hacía ocasionales viajes a Montevideo para sacar el dinero y, de paso, citarse con Magalí Guerra, una joven a la que conoció en un encuentro literario y con la que llegó a compartir momentos íntimos sin llegar al sexo, por lo que él no lo consideraba una infidelidad en sí. Mientras se desarrolla la historia nos encontramos numerosas referencias a la literatura (propio de la profesión del protagonista) y a autores como Borges, Onetti, Rimbaud (del que dice que es el mejor poeta del mundo) y Manrique, así como también referencias al fútbol uruguayo y a la música. Nos habla el protagonista de varias canciones. Las escuché mientras leía el libro, me pusieron en contexto y me hicieron sentir que caminaba por Montevideo (Te abracé en la noche, Zamba para vos y Dulzura distante).

La forma de hablar propia de Latinoamérica inunda esta novela de forma extraordinaria. Cuando llega a Montevideo y queda con Guerra, esta le confiesa que lo ha dejado con su novio (sí, los dos estaban comprometidos), y deciden pasar el día juntos sin consumar su amor en el hotel, tal y como había previsto Lucas, que se ve obligado a pasear por la ciudad con quince mil dólares en el cinturón (los que ha sacado en beneficio por sus libros), de los cuales gasta una ínfima parte en hacerse un tatuaje y comprarle un ukelele a su hijo. Una vez en la playa, cuando están a punto de intimar, dos tipos aparecen y patean a Lucas, dejándolo dolorido, sin dinero y sin mochila. Lucas se echa a la carrera, gritando, casi es atropellado, y se vuelve loco por cómo ha perdido tanto dinero y su documentación. Con el ukelele en mano, se despide de Guerra y decide ir a ver a su amigo Enzo antes de volver a Buenos Aires.

Sospecha que fue Guerra la que planeó el robo, pero pronto lo descarta, y precisamente su amigo Enzo le advierte de los peligros de los uruguayos, diciendo que son “bravos”. Y entonces Lucas, desolado, vuelve a Buenos Aires. Y nos cuenta que ahora vive solo, en un piso de soltero (sí, las presuntas infidelidades de uno y otro han roto el matrimonio del todo), que hace el amor ocasionalmente con su profesora de yoga y que su hijo, al olvidarse el ukelele un día en su casa, le salvó la vida, pues garrapatear unas notas en aquel instrumento lo alejó de la depresión.

“No te estoy contando para que me cuentes. Sino para explicarme a mí mismo”, le dice Lucas a su exmujer Catalina, que ahora está enamorada de una mujer. Al final del libro todo es abatimiento, pero Lucas confiesa que siempre la va a querer. “Ojalá la muerte sea saberlo todo. Por el momento no queda más remedio que imaginar”, dice en uno de los párrafos finales, y creo que guarda mucho significado eso. Porque no sabe si Guerra lo delató, ni si su mujer lo engañó. No sabe tantas cosas, pero desea conocerlas, aclararlas, aclararse. Mientras tanto, seguirá viendo a su hijo, escribiendo libros y tocando ese ukelele.

Me imaginaba que iba a ser esta una novela más ‘seria’. Pero el vocabulario que maneja me ha parecido magnífico. Si hubiera pretendido ser más ‘correcta’ no me habría gustado tanto. Creo que las novelas escritas por autores latinoamericanos y situadas en la otra orilla del charco tienen un cariz especial, a mí me atraen más, me parecen que tienen ese toque de picante que diferencia a unas comidas de otras y que las hace atractivas y sensuales. No ha sido una novela que me encante, todo hay que decirlo, pero he disfrutado mucho leyéndola, y también he aprendido canciones como las anteriormente nombradas, y he conocido a un escritor que promete mucho y cuya estela literaria voy a seguir.

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