Autor extranjero·Narrativa

“Muertos a la carta”, de Pablo Cazaux

¿Le apetece para almorzar un delicioso muerto a la brasa?

Muertos a la carta (Menoscuarto, 2017), de Pablo Cazaux, es un libro extraño. Ganador del IX Premio Tristana de Novela Fantástica, su historia se centra en la vida de un chef que, cada día durante dos semanas, prepara una comida especial que se ajuste a la personalidad de cada comensal que va a su restaurante. Pero sus comensales no son nada comunes, al contrario, son excéntricos personajes, a cual más extraño: uno es un sicario que lleva años intentando matar a su último encargo, otros son un matrimonio mal avenido y cercano al divorcio por una infidelidad de la mujer, etcétera.

Esos invitados, rodeados todos ellos por un aura de muerte y asesinato, desconocen precisamente eso: que están muertos. Van al restaurante del chef sin saber la razón, y el chef se encarga allí de hacerles hablar y les “expía las culpas” para que ellos cuenten qué hicieron mal en la vida y qué los tiene amargados. Luego, el chef les hace entrar en razón (si es que existe la razón en ese hipotético más allá, porque muchas veces la echamos de menos incluso en la Tierra) y les cuenta que están muertos y que deben cruzar una puerta del restaurante (!) para ir, digamos, al descanso eterno.

Sin embargo, la aparición de una mujer y un enano mudo traerán de cabeza al chef, que tendrá que hacerles hablar, y ellos contarán su historia, su pasado, el dolor que sufrieron y la venganza a la que sucumbieron, los pactos que hicieron con extraños entes para vengarse de los que les causaron dolor, etcétera. Finalmente, el último día saldrá a la luz el triste y cruel pasado del chef, que se unirá a un final de novela original e interesante que me abstengo de contar aquí.

Me compré este libro porque lo recomendaron, si no recuerdo mal, en un programa de televisión literario de corto recorrido que yo veía llamado Libros con uasabi (presentado por el mítico Fernando Sánchez Dragó). Me gustó el título y debí de escuchar mal el resumen que hicieron sobre él, porque yo creía que los muertos que visitaban el restaurante eran escritores de la vida real (como si fueran James Joyce, Herman Melville, Miguel de Cervantes y gente por el estilo en lugar de anónimos con historias espeluznantes).

Es este, ya lo he leído en alguna crítica anónima, un “libro extraño”. Me esperaba mucho más, la verdad. No es una novela mala, digamos, porque no la habría terminado de ser así, o la estaría criticando mucho. Simplemente, creo que es muy llana, que las historias que cuentan los comensales que llegan son espléndidas a veces, pero poco más (o quizás las historias sean buenas, pero el problema radique en cómo las cuenta el autor). La historia del chef, por ejemplo, me parece muy plana.

Me gustaría destacar la última frase del último párrafo del libro, que me parece muy bonita, pero no la voy a poner porque fuera de contexto es una frase sin más atractivo. Me resulta extraño hacer una reseña tan escueta, pero este libro, además de ser breve, apenas tiene sustancia, y creo que incluso en lo que he contado ya he desvelado el quid de la historia. Sea como fuere, le invito a leer la sinopsis del libro y a interesarse por él. Pero vamos, que prefiero “recomendarle encarecidamente” (como yo suelo decir) otros libros antes que este. Lo siento, esta vez no hubo suerte.

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