Autor extranjero·Teatro

“Casa de muñecas” y “Juan Gabriel Borkman”, de Henrik Ibsen

Sobre una mujer que quiere dejar de ser una muñeca en una casa de muñecas.

Casa de muñecas y Juan Gabriel Borkman (Espasa-Calpe, 1941), de Henrik Ibsen, son dos obras de teatro distintas del mismo autor aunadas en el mismo libro, de las cuales desconozco el traductor. Este libro se imprimió en Buenos Aires (Argentina) hace ya casi ochenta años, y aunque está amarillento y parece viejo y raído, contiene la firma de su anterior dueño (por cierto, alguien con varias entradas en Google).

La primera obra del libro es, por supuesto, Casa de muñecas, por la cual me lo compré. La historia de esta se sitúa en Noruega, en la actualidad dice el autor (es decir, a finales del siglo XIX). En ella encontramos a un matrimonio formado por Helmer, que acaba de ser ascendido a director de un banco, a Nora, una inocente ama de casa, y a sus tres hijos. Por otra parte, hay un personaje curioso llamado Rank, que tiene las horas contadas por una enfermedad terminal y que ama profundamente y en silencio a Nora desde hace tiempo. Y también están Krostag, un empleado de Helmer, y Cristina, amiga de Nora.

La obra se desarrolla en los días de Navidad, en los que Nora y Helmer se nos presentan como una pareja feliz, de esas familias típicas que aparecen en las películas americanas que ponen los domingos por la tarde cercano a Navidad en las que él suele llamarla a ella “pajarito mío” y esas cosas tan americanas. Todo de precipita cuando, un día, Cristina visita a Nora. Ambas eran amigas, pero llevaban sin verse una década. Y aquí encontramos un detalle importante, pues Cristina le dice a Nora en un momento determinado que ella (Nora) no tiene problemas ni preocupaciones, al menos no como las suyas, y que sigue siendo una niña. Y digo que esto tiene importancia porque a Nora siguen considerándola una niña inocente e ilusa ocupada de la casa y sin más preocupación que hacer los adornos del árbol de Navidad y coser. Por eso, Nora se rebelará más adelante.

Una enfermedad de Helmer unos años atrás obligó a la familia a marchar a Italia para que él respirara aire limpio. Pero no tenían dinero, así que ella (Nora) fingió habérselo pedido a su moribundo padre, pero realmente se lo pidió a Krostag, el empleado de Helmer. Por supuesto, si Helmer llegara a enterarse de que el dinero invertido en su salud está sacado de uno de sus empleados, se enfadaría, por eso Nora lo mantiene en secreto. Sin embargo, Krostag comienza a amenazar a Nora con desvelar el secreto porque Helmer lo va a despedir. Entonces, Nora se asusta mucho y ve amenazada la tranquilidad y comodidad de su hogar y de su familia.

Esta tranquilidad finalmente desaparece entre las manos de Helmer cuando este lee la carta de Krostag donde le cuenta toda la verdad. Entonces emprende una brusca conversación con Nora, a la que recrimina el honor de su familia en lugar de apreciar el sacrificio que hizo ella para salvarle la vida. Nora, dolida tremendamente, piensa en suicidarse, dejando atrás a sus hijos, pero no se achanta y se rebela contra Helmer y le echa en cara haber sido la muñequita, primero de su padre, y luego suya (de ahí el título de la obra), obedeciendo siempre las órdenes de estos. Así que, con serenidad y temple, Nora le dice a Helmer que se va para pensar en sí misma. Helmer le recrimina que vaya a abandonar a su marido y a sus hijos, pero ella le dice que es un ser humano como él y, finalmente, se va.

Me ha recordado esta obra muchísimo a Miedo, de Stefan Zweig, porque la protagonista también se ve metida en un lío y cree que la felicidad de su hogar va a naufragar por su culpa. Aunque el final es totalmente diferente en ambos libros. Por supuesto, este libro es un manifiesto feminista magnífico y muy adelantado a su época (la obra fue publicada y estrenada por primera vez en 1879), debido a que Nora se rebela contra lo masculino, contra el poder de Helmer, y decide ser independiente.

La segunda obra del libro, Juan Gabriel Borkman, trata, por su parte, sobre otra familia. En este caso, Juan Gabriel es un exdirector de banco que acaba de salir de la cárcel, a la que entró por llevar a su banco a la ruina. Y vive junto a su mujer, Gunhilda, aunque ya ni se miran. Gunhilda quiere encarecidamente que el hijo de ambos, Erhart, limpie el nombre de la familia que su marido manchó entrando a la cárcel. Pero, entonces, aparece en escena Ela, la hermana de Gunhilda que crio a Erhart mientras su padre estuvo en la cárcel y que también se considera madre del muchacho. Las dos hermanas emprenden una lucha verbal por querer atribuirse el derecho a retener consigo a Erhart.

Sin embargo, Erhart rechazará permanecer junto a su tía moribunda, su madre autoritaria y su padre, porque quiere vivir la vida. Se irá de viaje con la señora Wilton, una vecina que tiene siete años más que él y de la que está enamorado, dejando atrás su pasado y deseando salir del encierro que le impone su familia en general y su madre en particular, que no piensa en su felicidad. El final se precipitará sobre la vida de estos tres personajes abandonados por Erhart (Juan Gabriel, Gunhilda y Ela), dando lugar a dos hechos muy importantes que cerrarán la historia. En esta obra podemos ver varios temas clarísimos como el deseo de libertad de Erhart, o los deseos sin cumplir de Juan Gabriel, quien dejó de lado el amor de una mujer a cambio de ser director del banco.

Igualmente, hay varios paralelismos entre ambas obras: hay deseos de poder en una (Helmer ha ascendido a director de banco) y en otra (Juan Gabriel fue director de un banco). También hay en ambos personajes con enfermedades terminales (Rank en la primera y Ela en la segunda). Son muy similares y realmente Juan Gabriel Borkman me ha parecido una obra espléndida. Pero Casa de muñecas ha superado mis expectativas y no puedo más que alabar a Henrik Ibsen por escribir un libro como ese en una época como la suya, con todo el significado y la simbología que lleva adscrita en él. Creo que debería tener más relevancia y ser considerada una obra esencialmente feminista.

Brindemos por aquellas mujeres que dejaron de ser muñecas en casas de muñecas para ser realmente ellas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s