Autor español·Narrativa

“Doña Perfecta”, de Benito Pérez Galdós

Nuestra gloriosa España se acaba, se aniquila, se muere.

Benito Pérez Galdós, Doña Perfecta

Doña Perfecta (Hernando, 1981), de Benito Pérez Galdós, es el primer libro que leo de este autor, y ya se ha convertido en uno de mis favoritos, no porque simplemente esta novela me haya deslumbrado, sino porque sí me ha deslumbrado cómo Galdós cuenta esta historia tan magnífica poniéndola en consonancia con el contexto político, social, cultural y religioso de España.

El año pasado se celebró el 175º aniversario del nacimiento de Benito Pérez Galdós, un autor muy célebre en España del que llevo leyendo noticias en prensa desde hace un tiempo. Y el año que viene se celebrará el 100º aniversario de su fallecimiento. Entre uno y otro me he decidido a leer este libro suyo, no tan conocido como su obra más famosa (Fortunata y Jacinta, que abordaré en un tiempo indeterminado).

Esta novela comienza con la llegada a Orbajosa (un pueblo inventado por Galdós) de Pepe Rey, un mozo de buena familia y bien educado que va de la capital a un pueblo a casarse con una prima suya (matrimonio previamente concertado entre el padre de Pepe Rey y su hermana y madre de la novia, doña Perfecta, que da título al libro).

La novela (que, por cierto, tiene apuntes interesantes de su anterior dueño, pues es de segunda mano) va desarrollándose al principio con cierta tensión y nos hace sentir que algo está a punto de pasar. Y lo que pasa no es ni más ni menos que el encontronazo entre Pepe Rey y el canónigo del pueblo y amigo de doña Perfecta. Son dos posturas totalmente opuestas, pues Pepe Rey es ateo (aunque oculta su ateísmo delante de su futura esposa para no ofenderla) y sabedor de diversas ciencias, mientras que el canónigo es un creyente hipócrita que enciende los ánimos adversos sin aparentemente hacer ruido, es decir, que enfada a su oponente.

En este ambiente de la España rural del siglo XIX donde los pueblerinos saben decenas de refranes y donde todo el paisaje es árido y desesperanzador, Pepe Rey ha de enfrentarse a su futura suegra, doña Perfecta, que se sentirá ofendida por su actitud atea, y al canónigo, que será una figura muy hostil a nuestro protagonista. La que ha de ser su esposa, Rosarito, será la única razón por la que Pepe Rey decida quedarse en el pueblo y hacer frente a esas hostilidades, pues la quiere (y ella a él) con todas sus fuerzas. Sin embargo, doña Perfecta encerrará a Rosario en una habitación de la casa y prohibirá que se vea con Pepe Rey, lo que alterará aún más los ánimos de la casa.

La llegada de unos cuantos soldados al pueblo desembocará en el fin de la historia, pues ciertos vecinos planearán un levantamiento contra el Ejército y contra Pepe Rey, al que creen afín a los soldados. La mala suerte, la envidia, el rencor y los rumores y habladurías rurales se confabularán contra Pepe Rey, que tendrá un final triste en la historia por culpa, en gran parte, de la influencia del canónigo y de doña Perfecta, que lo odiaron desde el principio.

La novela es espléndida, y además está llena de temas diversos de la época como no podía ser de otra forma. Con ironía y sarcasmo desde el principio, en el libro encontramos mucha crítica social y religiosa, ideas diferentes que plantean la discordia entre los personajes, el choque religiosidad-ateísmo y ciencia (que precederá a la idea de “las dos Españas”), la crítica rural y también la crítica a los políticos de España (alguien dijo alguna vez, quizás Ortega y Gasset, que España ha sido un país con una antigua tradición de criticar y odiar a sus políticos, pero, aun así, de tenerlos y votarlos).

“Creo que dentro de algún tiempo ha de estar nuestra pobre España tan desfigurada, que no se conocerá ella misma ni aun mirándose en el clarísimo espejo de su limpia historia”, se dice en un momento del libro. Y creo que, dejando aparte la historia de Pepe Rey, la de España es una historia tan controvertida como se ve reflejada en este grandioso libro que debería ser tan leído.

Es un libro que levantaría ampollas en su época, y hace que personajes tales como el canónigo (por su hipocresía) y doña Perfecta (por su ‘sugestibilidad’) me resulten muy hostiles. Por eso mismo y por todo lo que alberga entre sus páginas, es esta una novela muy recomendable.

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