Autor extranjero·Narrativa

“En el corazón del mar”, de Nathaniel Philbrick

El desastre del Essex no es un relato de aventuras. Es una tragedia que además resulta ser una de las historias verdaderas más grandes que jamás se hayan contado.

Nathaniel Philbrick, En el corazón del mar

En el corazón del mar (Seix Barral, 2015), de Nathaniel Philbrick y traducido por Jordi Beltrán, es un libro cuya sinopsis me encantó y cuya lectura me ha deslumbrado. Lo abordé con ganas, pero ha superado mis expectativas, y eso que era difícil.

Obviando el título, que me parece horroroso (es el único pero que le pongo al libro), esta historia es extraordinaria (de hecho, inspiró el Moby Dick de Herman Melville). Este libro cuenta una historia real, lo que aumenta infinitamente su atractivo (al menos para mí). La historia que cuenta es la del Essex, un barco ballenero que naufragó en mitad del océano Pacífico en noviembre de 1820. El barco había salido de una isla estadounidense llamada Nantucket, cuya historia se nos relata brevemente al principio del libro. En ese barco iban unos cuantos marineros de Nantucket, así como varios hombres negros procedentes de otros lugares de Estados Unidos y de algún que otro joven que quería aprender el oficio marinero y se metió como grumete a la expedición.

La tarea del barco era navegar durante dos o tres años, en los cuales debía cazar cachalotes en el Pacífico para extraerles el aceite, aceite que de vuelta en Nantucket venderían para sacar mucho beneficio. El problema es que el Essex, pese a contar con gente avezada en el mar, zozobró en mitad del Pacífico al romperse tras un ataque de un cachalote, un animal que siempre ha destacado por ser manso y no atacar embarcaciones.

Los hombres del Essex rápidamente se metieron en las barcas de emergencia de las que disponían, cogieron los pocos barriles de agua dulce y de pan que pudieron salvar del agua del mar y huyeron en busca de ayuda. Pero claro, el atractivo de la historia es que estaban en mitad del Pacífico hace un siglo y medio, sin apenas recursos ni víveres.

En este libro me ha encantado leer sobre esta situación extrema o sobre el canibalismo, al que los supervivientes del Essex tuvieron que recurrir para sobrevivir. La calidad narrativa con la que cuenta Philbrick esta terrible experiencia no es muy alta, aunque sí admirable, pero aun así, por tratarse de una historia real, me ha gustado muchísimo.

Tras varios meses a la deriva pudiendo consumir tan solo unos ochenta gramos de galleta al día como único alimento y de sobrellevar tormentas violentas en una barquichuela del siglo XIX, cinco de los miembros del Essex que naufragaron fueron rescatados, dos de ellos en una barca (a los que encontraron lamiendo los huesos de los que habían sido sus compañeros, una escena escalofriante) y tres de ellos en otra.

La escena en la que se describe la salvación de estos cinco supervivientes (más otros tres que se habían quedado en una isla desierta donde había más o menos comida y bebida dignas con regularidad) es una de las más hermosas. El autor casi pasa de puntillas por ellas, pero no consigue ocultar el brillo con que escenas como esta desnudan la verdad del ser humano en su lucha por la vida después de ver morir e incluso comerse a sus compañeros.

Desde luego, este libro solo será atractivo de leer para quien ame temas como este sobre naufragios… ¡y más si está basado en hechos reales! A mí el tema de los naufragios y las bestias marinas siempre me han enamorado, por lo que significa para el ser humano encontrarse en situaciones límite como esa. Este libro, como decía, no me ha revuelto las entrañas o me ha emocionado como el anteriormente reseñado de Primo Levi, pero la historia en sí es tan abrumadora que es imposible ignorar lo que debieron de sentir estos hombres en una época como aquella y en una situación más que extrema.

Sé que esta lectura, como ya he dicho, solo podrá atraer a aquellos a los que les gusten este tipo de temas de supervivencia y de hechos reales. Aun así, recomiendo encarecidamente esta lectura porque me ha cautivado.

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